Zapatero a sus zapatos.
JB:
Exactamente. Para nosotros pensar la identidad
es pensarla interdisciplinariamente... no sé, como mínimo
tenés que laburar con el cliente. Yo siempre le traté
de escapar a eso del diseñador/artista, que trabaja solo,
aislado y desconectado de la realidad, y que cuando el mundo critica
su obra, echa culpas al mundo (y a sus clientes) porque se encuentra
incomprendido...Nosotros creemos que hay que trabajar con el cliente.
El primer desafío es poder salirse
de la visión dogmática en la que intervengo y doy
soluciones tipo receta, para pensar el trabajo de una manera más
específica y participativa. Trabajando juntos, las soluciones
estén posiblemente más adaptadas a lo que el cliente
necesita de nosotros…
JB:
Mirá...hay una frase que se la escuche
a Norberto Chaves que dice: “Usted
sabe del negocio, nosotros sabemos de comunicación. Juntos
hacemos la comunicación del negocio”.
Cuanto más interactuás con el cliente más conocés
de su negocio. A nuestros clientes no le podemos decir cómo
llevar adelante su negocio, pero si cómo comunicar mejor
su identidad, sus atributos, y su negocio.
¿Qué experiencia podrías
compartir con nosotros que rescate esa importancia del trabajo interdisciplinario
que estabas comentando?
JB:
A finales del 2004 nos presentamos junto
al Estudio de Arquitectura DGM (De Gennaro / Maseda) en el Concurso
de Diseño del Mobiliario Urbano de la Ciudad de Buenos Aires.
Desarrollar en forma conjunta ese proyecto fue para nosotros un
claro ejemplo de trabajo interdisciplinar. Fue una experiencia muy
estimulante, en el sentido que convivieron en el proceso diferentes
saberes y lógicas proyectuales. El desafío fue entender
hasta donde debía llegar cada uno con su especificidad sin
perjudicar las otras lógicas en juego.
Digamos que había distintas miradas
dialogando sobre el objeto
JB:
Sí. Y cada mirada puede ver sólo
una parte del objeto. Sólo en la mirada interdisciplinar
podés ver el objeto completo, dialogando con las otras racionalidades.
Ahí es donde el trabajo se enriquece. En el caso puntual
de este proyecto los arquitectos de DGM nos invitaron a participar
porque entendieron que parte de los items que se pedían en
el concurso correspondían al área de diseño
gráfico. Nosotros a su vez reformulamos la propuesta al abordar
el proyecto gráfico desde la dimensión identitaria.
Entendimos que no sólo había que resolver cuestiones
técnicas de señalización sino que había
que leer al mobiliario como un signo de identidad del Gobierno de
la Ciudad, y de la Ciudad misma.
Y que nadie lo use, totalmente fuera de contexto.
JB:
Claro. El mobiliario respondía a
un emisor, y ése era el Gobierno de la Ciudad. Pensá,
es un gobierno que tiene normalizada su comunicación y su
identidad, que tiene un manual de normas que se hizo entre el 98
y el 2002.
Cuatro años de trabajo
para hacer todo el trabajo de identidad de la ciudad.
JB:
Sí, creo que ya había asumido
Ibarra, época de crisis ‘99, después vino la
crisis de De La Rúa y eso. No sé si históricamente,
pero la gestión anterior se venía manejando con agencias
de publicidad y no con estudios de diseño.
Fue la época de las consultoras…
JB:
Sí, fue la época de las
consultoras. Ningún gobierno municipal tuvo una marca gráfica.
No al menos con este nivel de desarrollo. También tiene que
ver con una época, no es casual que el presidente este año
presente la marca país. Igual nos sorprendió el poco
peso que tuvo en los trabajos presentados en el concurso la dimensión
gráfica e identitaria. Muchos de los trabajos tenían
signos de identidad obsoletos o signos mal implementados como el
escudo...
El que es como una xilografía…
JB:
Claro, es una síntesis respetando el diseño original
del escudo. En las presentaciones con el escudo ves propuestas gráficas
que no anclan en nada, simplemente con cuestiones de gusto: “pongamos
el amarillito”, “en helvética”… no
hay registro de la dimensión identitaria...
¿Cómo era
la lógica del Concurso?
JB:
El proyecto se dividía en tres grupos
de objetos: un sistema eran los centros de transbordo y paradas
de colectivos y taxis. Otro era todo el sistema de señalización:
las señales de paradas de colectivos y taxis, las señales
de las calles, los nomencladores, las pantallas de publicidad, etc.
Y el tercer sistema eran los objetos de microarquitectura: quioscos
de diarios y revistas, quioscos de flores, puestos de información
turística y baños públicos. La propuesta de
DGM fue un diseño integral entre los 3 sistemas; diseñaron
una pieza paraguas (conceptualmente y literalmente): una columna
con un plano que se desplegaba. Ese objeto era la solución
para los techos de las paradas y de los quioscos, era la estructura
de agarre de las señales, etc, logrando optimizar recursos
a la hora de la producción seriada. Es una solución
funcional e integradora: ves la parada de colectivo, ves el quiosco
y podés leer un sistema articulado, natural, no forzado en
sus relaciones.
¿Y cuál era el aporte
que ustedes realizarían desde la asesoría gráfica?
JB:
Y un poco como te mencioné antes
nuestro aporte fue dotar al proyecto de una dimensión identitaria
aparte de resolver cuestiones técnicas específicas
del diseño gráfico. El enteder al mobiliario como
parte de un sistema mayor, como un signo de identidad más
de la Ciudad y su gobierno.
Tengo entendido que esto
generó un paradigma dentro del Estudio, es un ejemplo vívido
de la relación entre partes logrando un trabajo real. Se
vivió, se discutió, se negoció, se hizo y logró
su objetivo. ¿Cuáles fueron los resultados del Concurso?
El resultado fueron dos primeros premios. Por
el primer y segundo sistema (las paradas de los colectivos y las
señales) premiaron al Estudio Cabeza, que era el candidato
a ganar. Y el otro primer premio por el tercer sistema (microarquitectura)
nos lo dieron a nosotros. Obviamente nos alegró muchísimo
el resultado pero también nos desconcertó un poco
ya que nuestra propuesta era un desarrollo integral el cual estaba
pensado para que funcionara como un todo.
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