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////////// Rodolfo Fucile| www.rodolfofucile.com.ar

(Todos los dibujos aquí expuestos son Copyright de Rodolfo Fucile. Se prohibe su reproducción total o parcial sin el consentimiento de su autor)

Rodolfo Fucile nació en Buenos Aires, en 1978. Estudió Bellas Artes y tomó cursos de caricatura y dibujo humorístico.
Desde 1997 se desempeña profesionalmente como ilustrador.
Colaboró con editoriales como Santillana, Estrada, Grupo La Nación y Longseller, entre otras.
En el medio publicitario, trabajó para agencias y estudios como Pragma FCB, Scarpato, IMS Marketing (EEUU) y WM / Red Cell.
Sus ilustraciones, formaron parte de campañas y productos de diversas empresas, entre las que se destacan Aguas Argentinas, BBVA, Coca-Cola, Nestlé, Olympus, Sony Music, Société Générale y Telecom Personal.
Es miembro de la Asociación de Dibujantes de Argentina (ADA).

nod: ¿Cómo fueron tus comienzos en la ilustración?
R. Fucile: Fueron similares a los de la mayoría de los ilustradores de mi generación.
En ese momento no existía, o no estaba masificada internet. Tampoco era habitual el soporte digital a nivel hogareño (de hecho, yo no tenía computadora). Algunos conocidos tenían una modesta PC, pero eran máquinas para uso administrativo. Nada de Photoshop, ni scanner, ni módem, ni grabadora de CD.
Así que la única alternativa era armar una carpetita con muestras y salir a patear y a tocar timbres de agencias y editoriales.
En la mayoría de los casos, me pedían que dejara el portfolio en la recepción, con lo cual me gastaba una fortuna en fotocopias color. Estas carpetas, probablemente, quedaban perdidas en algún cajón o eran automáticamente descartadas por razones obvias.
Paralelamente a esta búsqueda, hacía caricaturas para particulares y colaboraba ad-honorem con fanzines y revistas barriales. Así estuve un buen tiempo, hasta que, alrededor de los dieciocho o diecinueve años, empezaron a llamarme y de a poco fui insertándome en el medio.


nod: ¿Desde cuándo considerás que se es un ilustrador profesional? ¿Qué elementos considerás necesarios?
R. Fucile: Creo que, independientemente del nivel o de las cualidades técnicas, un ilustrador se convierte en profesional cuando empieza a cobrar su trabajo. No tomo el concepto de “profesional” desde un lugar valorativo, sino desde el hecho objetivo de ejercer una actividad rentada. Con la práctica y la experiencia, uno va adquiriendo más soltura y madurez; esto corresponde a otro plano y creo que no termina nunca. Pero la condición profesional la da el pago. Por eso creo que cuando un ilustrador recibe un encargo, debe saber bien que está trabajando profesionalmente y, por lo tanto, debe asumir ciertas responsabilidades y hacer valer ciertos derechos. En esto no hay medias tintas.

nod: Se puede observar en tu trabajo una gran versatilidad tanto en los tipos de estilos que manejás como en los materiales. ¿Qué ventajas y qué desventajas observás frente a esta situación al momento de enfrentarte al trabajo por encargo?
R. Fucile: Bueno, en el plano técnico, la versatilidad siempre es una ventaja, porque te permite elegir entre distintos caminos, entre distintas formas de abordar un trabajo.
También es util manejar distintos registros estilísticos en la ilustración publicitaria, porque en estos casos no se suele buscar el idiolecto del ilustrador, sino la capacidad de adaptación a la estética que requiera la campaña.
Pero hay que reconocer que, en el campo editorial, a veces ser demasiado versátil puede convertirse en un arma de doble filo. Puede suceder que el editor esté buscando un ilustrador que tenga una identidad sólida y, al ver una carpeta muy variada, se confunda o considere que el material carece de personalidad. Esto es un problema que tenemos casi todos los ilustradores “jóvenes”, es decir, todos los que no somos capos como Nine, Sábat o alguno de esos genios. Uno tiene que trabajar y en los trabajos que le encargan no siempre cuenta con la libertad de elegir el estilo o el procedimeinto. Es complicado llegar a ese equilibrio y, a veces, el criterio de selección que tienen los editores no se corresponde con la realidad laboral de un ilustrador.

nod: ¿Has trabajado para varias firmas. ¿Qué nos podés contar de estas experiencias?
R. Fucile: En general fueron buenas. Algunas mejores que otras, pero siempre provechosas desde el punto de vista del crecimiento profesional. Yo trabajé y trabajo bastante en publicidad, haciendo storyboards y también artes finales. Y en este medio son frecuentes los vaivenes, los cambios y a veces los choques, por problemas de comunicación.
Por eso es importante lograr una relación fluida y entenderse bien con el creativo de la agencia; si no las cosas salen mal. Lo que ocurre es que el tipo suele estar muy apretado, muy presionado por los tiempos y, en algunos casos, muy limitado por las necesidades comerciales del anunciante, que también quiere intervenir con ideas, a veces ridículas. Entonces, si no hay un diálogo fluido y pautas claras, todos los problemas del Director de Arte, recaen sobre el ilustrador, que tiene que rehacer el laburo o quedarse toda una noche trabajando. Esto, en general, se puede evitar. Todo depende de la comunicación, de la eficacia que haya en esta cadena y del grado de locura que tenga el cliente que, valga la redundancia, siempre tiene la razón.

nod: Junto a Teyo sos integrante de ADA ¿Nos podés comentar de qué se trata el proyecto?
R. Fucile: La ADA es la Asociación de Dibujantes de Argentina.
Es una institución que existe desde la década del ’40 y que convocó a los más grandes exponentes del dibujo en la argentina. Por la ADA pasaron artistas como Divito, Calé, Lino Palacio, Oski, Molina Campos, Breccia, en fin, tipos de esa talla.
Actualmente, reúne a más de cien dibujantes profesionales de distintas edades, estilos y trayectoria. Entre los más destacados están Carlos Nine, Carlos Garaycochea y Quique Alcatena, por nombrarte sólo algunos. Pero también hay otros excelentes artistas jóvenes, quizá no tan conocidos, pero muy prometedores.
Los objetivos de la asociación son varios, pero principalmente nos proponemos crear un espacio de intercambio entre los colegas, que nos permita discutir, compartir experiencias, generar muestras y publicaciones y, sobre todo, tratar de mejorar las condiciones laborales de los dibujantes. Este es un tema muy importante en este momento, porque la mayoría de los dibujantes trabajamos de manera free-lance y esto produce una suerte de atomización, de aislamiento. Por eso, la única forma de abordar esta problemática es a través del contacto directo; mediante las reuniones y el intercambio personal.

nod: ¿Has trabajado para el exterior?
R. Fucile: Sí, trabajé en algunas oportunidades para clientes de USA y también lo hice para compañías de México y de otros países latinoamericanos.
Y ahora entré en contacto con un agente de Alemania que va representar mi trabajo allá. Todavía no te puedo contar demasiado, pero parece que marcha todo bien.
En otros tiempos, trabajar a distancia seguramente era bastante engorroso y con otros ritmos, pero actualmente resulta similar a cualquier trabajo en el mercado local.
Hoy en día, exportar servicios creativos es algo frecuente por las posibilidades que da el cambio. Pero esto también tiene sus aristas. Hay muchas empresas extranjeras (algunas de ellas, editoriales muy importantes) que trabajan básicamente con un staff de ilustradores argentinos, porque esto les asegura un trabajo de alto nivel a muy bajo precio. Es verdad, a nosotros nos resulta redituable, porque se paga mejor que en el mercado local. Pero también es cierto que las empresas muchas veces se abusan, te cobran el envío de tu cheque y te pagan hasta cinco o seis veces menos de lo que le pagarían a los dibujantes de sus propios países.
Esto es algo para discutir. Creo que se podría llegar a un equilibrio, para que ganáramos todos, pero a veces es difícil tratar estos temas entre los ilustradores, porque pareciera ser que reclamar o exigir condiciones son prácticas pasadas de moda.
Habrá que mejorar algunas cosas.

nod: ¿Estás realizando trabajos-proyectos extra laboralmente? ¿Cuáles?
R. Fucile: Estoy haciendo un libro con Leo Maslíah; a mi juicio, un artista excepcional. Dibujar sus textos es una experiencia muy gratificante y, sinceramente, yo ya estoy hecho con sólo tener esta posibilidad. Sólo espero que mi laburo logre la altura suficiente como para complementar el trabajo de él.
Por otra parte estoy trabajando en un libro ilustrado de mi autoría. Se llama “Artistas irrelevantes” y es una especie de compilación de biografías de artistas (falsos, por supuesto) que por causa del azar o la desgracia, fracasaron rotundamente. En este proyecto estoy volcando también mis inquietudes literarias.
Por el momento, tengo una maqueta y ahora voy a buscar editor. Vamos a ver qué pasa.
Y también está la dupla creativa con Teyo, que es un gran amigo y un genial dibujante. Ahora emprendimos un proyecto gráfico que no sé en qué terminará, pero seguramente nos dará la posibilidad de juntarnos a tomar unos buenos vinitos.

nod: ¿Qué sugerirías para aquellos que comienzan en esta historia que es la ilustración?
R. Fucile: Bueno, de algún modo, yo también estoy comenzando. Pero desde mi corta experiencia, les sugeriría que entren en contacto con otros ilustradores y que aprendan a valorar su trabajo. La ilustración puede ser una actividad muy satisfactoria, pero no por ello deja de ser un trabajo. Esto significa que deberán asumir obligaciones y que deberán defender sus condiciones laborales, del mismo modo que lo hace cualquier trabajador.
Al cliente no se lo puede dejar colgado por “falta de inspiración”, pero tampoco corresponde trabajar gratis con el argumento de que “uno hace lo que le gusta”. Estas cosas deben estar clarísimas.
También les recomendaría que nunca abandonen sus proyectos personales, porque son los que mantienen vivo el placer por dibujar.

nod: ¿En qué momento (instancia) la ilustración puede ser una herramienta de construcción social de sentidos?
R. Fucile: Creo que, en cualquier momento, cualquier cosa que se publique o se difunda puede construir sentidos. El tema es qué clase de discurso se funda y quién es el autor o el promotor de tal acción. Vuelvo a lo que te decía anteriormente: Muchas veces el ilustrador está condicionado por distintos factores, como pueden ser la línea editorial o los intereses comerciales de sus clientes.
En otros casos, como suele ocurrir en el periodismo o en ilustración de libros, el ilustrador no es considerado un Autor.
Fijate que, vulgarmente, se le adjudica la autoría sólo al escritor, y el ilustrador queda relegado como si su trabajo fuera una especie de guirnalda o moño que se le agregó a la obra ya consumada por el escritor.
Como alguien me dijo hace poco, el escritor organiza una fiesta en donde el ilustrador es el animador. Y cuidado, que no se trata de enfrentarse con los amigos de la letras, sino de discutir el concepto de autoría y la hegemonía de las ideas escritas por sobre las ideas dibujadas. Esto es algo muy antiguo que está muy arraigado en nuestra cultura.
Pero en fin, cuando aparece un editor abierto que entiende esto, el ilustrador tiene el espacio suficiente como para fundar un discurso propio que, tal vez, pueda construir sentidos.

nod: ¿Algo que quieras agregar?
R. Fucile: Bueno, les paso un chivo: vayan a ver la expo de ADA, “Tinta y Tango”.
Del 11 al 21 de agosto en el Palais de Glace.

Gracias Rodolfo por tu colaboración!!
Muchas gracias a Uds. y felicitaciones por el sitio que es muy interesante.